EL TOBOSO (TOLEDO) CASTILLA LA MANCHA

El Toboso con sus viñas y tres de sus iglesias

Ayuntamiento de El Toboso

Iglesia de San Antonio Abad

Se comenzó a construir en 1525, en sustitución de otro templo que ya existía en 1511 y del que se conserva un sillar con la fecha «1503».
Como dato curioso, cabe señalar que esta Iglesia es uno de los lugares que Miguel de Cervantes cita en El Quijote, concretamente en el capítulo IX, de la segunda parte, cuando dice: «Guio Don Quijote, y habiendo andado doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo: Con la iglesia hemos dado, Sancho».

Iglesia y vides




Ermita de San Sebastián y depósito de agua

Ermita de Santa Ana
Está situada fuera del pueblo, en un cerro despoblado. Los restos que se conservan nos hacen pensar que fue un edificio de estilo renacentista de planta de cruz latina con nave muy corta. Sus muros fueron gruesos y de mampostería, con sillar en esquina, y cubierta con armadura de parhilera.
Se conservan los cuatro arcos torales del crucero, así como parte del tambor que sujeta la cúpula.
Casa-Museo de Dulcinea
COCINA
DORMITORIO
La casa fue construida en la década de los sesenta. Es una reproducción de un caserón manchego del siglo XVI con las dependencias de labor en la planta baja,huerto trasero, curioso palomar. La cocina trata de recordar el ambiente doméstico de entonces.Los utensilios,objetos y enseres de la casa guardan palabras en desuso.."redina, cenacho, tumbillo, morillos etc....."

Torre del Monasterio de Monjas Trinitarias de El Toboso
El monasterio de las Monjas Trinitarias, es un Bien de Interés Cultural de España, ubicado en El Toboso (Toledo), fundado por Ángela María de la Concepción, monja trinitaria del monasterio de Medina del Campo, en 1680. En un tiempo de reformas en la Iglesia católica, el monasterio de El Toboso fue el primer monasterio de la nueva rama de Monjas Trinitarias Recoletas. El monasterio es de gran belleza arquitectónica al mismo tiempo que conserva la sobriedad propia de un cenobio. 
Campos de El Toboso (David Daguero)
Campos de vides
Iglesia de El Toboso
El Toboso desde la carretera de Quintanar
Cooperativa de vinos
Vieja tinaja en los campos de El Toboso
Escudo de El toboso
Escudo acolado a una cruz de Santiago, sin timbre ni adornos y de un solo cuartel: De plata, una cierva de su color acompañada de dos matas de toba florecidas, también de su color natural; en los cantones del jefe, las letras M y N y, en punta, V.
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Los orígenes de este municipio se remontan a la prehistoria, como demuestran los hallazgos arqueológicos encontrados. También existen vestigios de la época celtibérica. No existen evidencias que demuestren la existencia de un poblamiento romano, visigodo o musulmán.

El nombre del municipio aparece nombrado en documentos de 1338 y en 1353 forma parte del común de La Mancha. En 1390, Vasco Rodríguez concede a la villa un mercado franco y nombra entre sus vecinos al juez y alcalde. En 1468, El Toboso aparece en los censos de la Orden de Santiago y en 1480 el maestre de la Orden, Alonso de Cárdenas, al confirmar sus privilegios, le concede el título de villa. El siglo XVI es la época de mayor pujanza de la villa y de mayor repoblación.

El Toboso se hizo muy popular debido a la obra de Miguel de Cervantes Don Quijote de La Mancha, escrita en el siglo XVII, ya que era el lugar de residencia de Dulcinea. Ya en el siglo XIX, el toboseño Pablo Muñoz de la Morena fue uno de los héroes de la Guerra de la Independencia.

CAPÍTULO IX
Donde se cuenta lo que en él se verá

Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero; pero, con todo esto, dijo a Sancho:
—Sancho hijo, guía al palacio de Dulcinea: quizá podrá ser que la hallemos despierta.
—¿A qué palacio tengo de guiar, cuerpo del sol —respondió Sancho—, que en el que yo vi a su grandeza no era sino casa muy pequeña?
—Debía de estar retirada entonces —respondió don Quijote— en algún pequeño apartamiento de su alcázar6, solazándose a solas con sus doncellas, como es uso y costumbre de las altas señoras y princesas.
—Señor —dijo Sancho—, ya que vuestra merced quiere, a pesar mío, que sea alcázar la casa de mi señora Dulcinea, ¿es hora esta por ventura de hallar la puerta abierta? ¿Y será bien que demos aldabazos para que nos oyan y nos abran, metiendo en alboroto y rumor toda la gente? ¿Vamos por dicha a llamar a la casa de nuestras mancebas, como hacen los abarraganados, que llegan y llaman y entran a cualquier hora, por tarde que sea?
—Hallemos primero una por una el alcázar —replicó don Quijote—, que entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos. Y advierte, Sancho, o que yo veo poco o que aquel bulto grande y sombra que desde aquí se descubre la debe de hacer el palacio de Dulcinea.
—Pues guíe vuestra merced —respondió Sancho—: quizá será así; aunque yo lo veré con los ojos y lo tocaré con las manos, y así lo creeré yo como creer que es ahora de día.
Guió don Quijote, y habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:
—Con la iglesia hemos dado, Sancho.
—Ya lo veo —respondió Sancho—, y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura, que no es buena señal andar por los cimenterios a tales horas, y más habiendo yo dicho a vuestra merced, si mal no me acuerdoIII, que la casa desta señora ha de estar en una callejuela sin salida.
—¡Maldito seas de Dios, mentecato! —dijo don Quijote—. ¿Adónde has tú hallado que los alcázares y palacios reales estén edificados en callejuelas sin salida?
—Señor —respondió Sancho—, en cada tierra su uso: quizá se usa aquí en el Toboso edificar en callejuelas los palacios y edificios grandes; y, así, suplico a vuestra merced me deje buscar por estas calles o callejuelas que se me ofrecen: podría ser que en algún rincón topase con ese alcázar, que le vea yo comido de perros, que así nos trae corridos y asendereados.
—Habla con respeto, Sancho, de las cosas de mi señora —dijo don Quijote—, y tengamos la fiesta en paz, y no arrojemos la soga tras el caldero.
—Yo me reportaré —respondió Sancho—, pero ¿con qué paciencia podré llevar que quiera vuestra merced que de sola una vez que vi la casa de nuestra ama la haya de saber siempre y hallarla a media noche, no hallándola vuestra merced, que la debe de haber visto millares de veces?
—Tú me harás desesperar, Sancho —dijo don Quijote—. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que solo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?
—Ahora lo oigo —respondió Sancho—; y digo que pues vuestra merced no la ha visto, ni yo tampoco.
—Eso no puede ser —replicó don Quijote—, que por lo menos ya me has dicho tú que la viste ahechando trigo, cuando me trajiste la respuesta de la carta que le envié contigo.
—No se atenga a eso, señor —respondió Sancho—, porque le hago saber que también fue de oídas la vista y la respuesta que le traje; porque así sé yo quién es la señora Dulcinea como dar un puño en el cielo.
—Sancho, Sancho —respondió don Quijote—, tiempos hay de burlar y tiempos donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes.

BELMONTE (Cuenca) Castilla La Mancha

Vista de la localidad desde el castillo



Es un castillo restaurado y convertido en museo y lugar de celebración de eventos, lo que nos permite visitarlo en profundidad, apreciando su origen renacentista y las reformas del siglo XIX encargadas por Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia.


El estilo del castillo es el gótico-mudéjar del siglo XV. Su construcción se inició en 1456 con don Juan Pacheco. Es muy probable que el arquitecto encargado de diseñar las trazas fuera Hanequin de Bruselas, que trabajó en la Colegiata, y que las continuara Juan Guas, quien está confirmado que trabajó para Pacheco en el monasterio del Parral en Segovia. Además, su estilo exterior es muy parecido al de Manzanares el Real en Madrid y al de Mombeltrán en Ávila, obras de Juan Guas.



El recinto exterior del castillo, amurallado y pentagonal, se une a las murallas que descienden hasta Belmonte. En la puerta de acceso encontramos una portada gótica. La planta del castillo es muy peculiar, denominada de "estructura atenazada", construida sobre un triángulo equilátero con dos cuerpos en dos de sus lados, y en el otro, la torre del homenaje; triángulo que, mediante la barrera exterior, se convierte en polígono de nueve lados con torreones en los vértices.
En el interior se conservan habitaciones, galerías, la capilla, y varios arcos. Algunos de estos elementos son originales y otros forman parte de las reformas del siglo XIX, en estilo neogótico.


Su planta única y su interior palaciego, decorado con lujosas techumbres mudéjares en sus salones y galerías, hacen de este castillo uno de los más emblemáticos de España.
Sobre una fortaleza medieval se inició la construcción del actual, en 1465, perteneciendo desde entonces a la misma familia. Una de sus propietarias, Eugenia de Montijo, se convirtió en emperatriz de Francia al casarse con Napoleón III. La condesa encargó una serie de reformas que han dejado un aire francés en el castillo.


 Palacio Buenavista

colegiata de San Bartolomé
La iglesia fue mandada construir sobre una iglesia visigótica del Siglo V, por D. Juan Pacheco, señor de su castillo, I marqués de Villena, I conde de Xiquena y I duque de Escalona, Maestre de la Orden de Santiago y uno de los hombres más influyentes de Castilla y eterno conspirador, hasta le llegada de Isabel la Católica, con la que tuvo sus más y sus menos.



Destacan en su interior la Capilla de la Anunciación, (capilla de la familia de Fray Luis de León, también natural de Belmonte), Capilla de S. Pedro y S. Pablo, Capilla Mayor, Capilla de Santiago o la Capilla de Bautismo.


Entre sus esculturas algunas de las mas bellas de la provincia, pero llama la atención su Cristo de los Peligros, una talla de marfil de Filipinas regalo del Juan de Jesús, entonces vicario general de los agustinos recoletos, natural de esta villa.

Según cuenta la tradición, el Cristo de los Peligros salvó al galeón que lo transportaba desde Manila del hundimiento durante una fuerte tormenta en el Pacífico, después de que la tripulación lo colocó en el mástil mayor. Por ello le pusieron ese nombre y se desde entonces se le considera crucifijo milagroso frente a momentos de dificultad.

Palacio infante Don Juan Manuel

Casa rural descanso don Quijote
Casa de la vieja (casa rural)


Escudo de Belmonte
 Escudo partido: primero las antiguas armas de Belmonte ( sobre campo de oro, un castillo entre una encina y un pino ). Segundo, de plata, dos calderas de oro, puestas en palos, gironadas de gules, con dos cabezas de sierpe de sinople a cada lado. Al timbre corona ducal.
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Este pequeño municipio ha tenido un papel importante y significativo en el mundo del cine

El Cid
El torneo a caballo de Rodrigo Díaz de Vivar se rodó en la explanada del antiguo campo de fútbol, en una de las laderas en las que está situado el castillo. Muchos de los habitantes participaron en el proyecto disfrazándose de caballeros.

El crimen de Cuenca
Esta película de Pilar Miró está rodada en gran parte en Belmonte. Aparecen zonas como la plaza de correos, la iglesia, el atrio o el juzgado. La película está basada en hechos reales que se desarrollaron en estos lugares: (unos habitantes de Osa de la Vega fueron acusados de secuestrar y matar a otro de Tresjuncos; estuvieron encarcelados en Belmonte y fueron torturados durante muchos años; un día apareció el Cepa anunciando a gritos que no se había muerto).

Las hijas del Cid
Los señores del acero
Está rodada íntegramente en el castillo de Belmonte. Cambiaron bastante el castillo pero se reconocen sus habitaciones en todos y cada uno de los planos. Cuentan que durante el rodaje uno de los especialistas se quedó sin lengua: al saltar desde una de las torres del castillo y caer sobre montones de cajas se mordió la lengua y se la cortó.

El caballero Don Quijote
De Manuel Gutiérrez Aragón. Protagonizada por Carlos Iglesias y Juan Luis Galiardo, se rodó durante el verano de 2000.

El Señor de los Anillos (película de 1978)

En esta película que mezcla imágenes de animación junto con reales el castillo aparece representando la fortaleza de Cuernavilla .

UCLÉS (CUENCA) Castilla La Mancha

Vista de Uclés
En el año 2006 se rodaron algunas escenas de la pelicula Alatriste en el monasterio de Uclés y en los campos de alrededor
Vista del monasterio de Uclés desde el oeste, con los restos del castillo a la derecha y las murallas en la ladera
Puerta de la muralla
El nuevo edificio se levantó en el siglo XVI en estilo renacentista, aunque la fachada sur, la más conocida del monasterio, es barroca y fue construida por Pedro de Ribera. Tiene dos puertas grandes decoradas con conchas de vieira en cruces de Saint James. La decoración en la fachada consiste en trajes de armadura, cascos, banderines y una escultura de medio cuerpo del Apóstol. Al otro lado de la entrada hay un patio con un doble claustro. Hay una cisterna de agua con un pozo de piedra barroca con el escudo de armas de la Orden de Santiago. El refectorio tiene un artesonado realizado en madera de pino con 36 cofres que representan a los caballeros de la Orden, presidido por el emperador Carlos V. La sacristía tiene dos naves en ángulo recto. Las dos ventanas están decoradas con esculturas. En la iglesia, construida por Francisco de Mora, hay una nave con crucero y varias capillas laterales que datan del siglo XVI, interconectadas mediante pequeños arcos de medio punto. Vale la pena destacar el retablo mayor, con una pintura de Francisco Ricci, y las tumbas con los restos del noble Don Rodrigo y su hijo Jorge Manrique, autor de 'Stanzas sobre la muerte de su padre'. Hay una majestuosa y elegante escalera principal que conduce desde el patio hasta el segundo piso.
ESCUDO DE UCLÉS
Escudo cuadrilongo de base redondeada. En campo de gules, castillo de oro, de cuya torre central sale un brazo armado enarbolando el estandarte de la Orden del Apóstol, de plata, cargado con la cruz de Santiago, de gules, puesta en palo. En punta, ondas de plata y azur. Al timbre, corona real cerrada.
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Poblada desde tiempos prerromanos, tuvo gran importancia en tiempo de los árabes formando parte de la cora de Santaver de la que fue una de sus ciudades más importantes. Llegó a tener castillo, mezquita y termas. Su verdadera importancia la adquirió durante la Reconquista al ser la sede de la Orden de Santiago.

En 893 al-Fath ben Musa ben Dhi-l-Nun, de los Banu Di-l-Nun, al comprobar que no podía mantenerse durante más tiempo en Toledo, convierte a Uqlīsh en su residencia y capital del reino colindante. Hacia el año 896, al-Fath construyó, de nueva planta una alcazaba mora. En torno a ese año debió fortificar la ciudad que era independiente del califato de Córdoba. La ciudad tenía mercado y baños árabes, así como una mezquita con 23 metros de ancho. Al fallecer Musa ben Zennun, en 908, su hijo al-Fath hereda el señorío de Uqlīsh y le suceden su hijo Yahya y su nieto Fath ben Yahya, que fue destituido y enviado a Madrid.

En 984 vuelve a la familia de los Banu Zennun con Abd al-Rahmán ben Dhi-l-Nun (984–1018). En 1024 muere envenenado en el castillo el califa cordobés Muhámmad III que había huido de Córdoba a causa de una sublevación de sus nobles. En 1025 Ismaíl al-Záfir, señor de Uqlīsh, se proclama rey de la taifa toledana y sus dominios llegaron hasta Valencia y Córdoba. En 1085 Uqlīsh es ocupada por los cristianos, a raíz de la conquista de Toledo. Instalarían una guarnición, pues teóricamente pertenecía al patrimonio de al-Qádir ahora rey de Valencia (1086–1092). En octubre de 1086 se pierde por los cristianos a causa de la batalla de Zalaca.

En el año 1091 según la leyenda, Alfonso VI la adquiere como dote, al amancebarse con la princesa Zaida (nuera del rey Almutámid de Sevilla) sexta de sus esposas y que le dio un hijo varón, el príncipe Sancho Alfónsez. Leyenda e historia no siempre coinciden; Zaida (que luego se bautizó con el nombre de Isabel) fue una de las amantes o concubinas de Alfonso VI y murió de sobreparto. La pretendida dote no fue tal, sino el pago por adelantado que al-Mutámid de Sevilla envía al Alfonso VI para que custodie a su familia y le envíe socorros para defenderle del almorávide Yúsuf, que pretendía expulsarle del trono de Sevilla al igual que ya había hecho en Córdoba con su hijo Fath al-Mamún, el marido de Zaida.

En 1108 se produjo la batalla de Uclés o de los Siete Condes (en la cual murieron 3000 cristianos), y que supuso la derrota del ejército cristiano por las tropas almorávides de Tamim ben Yúsuf. En ella murió Sancho Alfónsez, único hijo varón de Alfonso VI de León. En 1157 pasa de nuevo a manos cristianas, al cambiarla Alfonso VII por Alicum con Muhámmad ibn Mardanís, más conocido para los cristianos como el rey Lobo de Murcia. El 12 de diciembre de 1163, Alfonso VIII, tutorado por Fernando II de León, la dona a la Orden de San Juan (Orden de Malta).

En 1174 (9 de enero en Arévalo), Alfonso VIII cedió la ciudad a la Orden de Santiago, siendo desde entonces la casa principal de la Orden, Caput Ordinis. Paralelo a esta cesión el convento de Uclés fue un lugar de formación para los hijos de los nobles. En 1179 el maestre, Pedro Fernández de Fuenteencalada, y el rey mejoraron la población de Uclés, al otorgarle a los nuevos pobladores un Fuero (similar el de Sepúlveda) que hizo que creciese la población y sus términos.

En 1474 se nombró en Uclés como maestre de la Orden de Santiago a don Rodrigo Manrique. En 1475 hubo guerra por apoderarse de Uclés entre don Diego López Pacheco, segundo marqués de Villena, y don Rodrigo Manrique, penúltimo maestre de la orden de Santiago (1474–1476). A pesar de la resistencia ofrecida por el alcaide Pedro de Plazuela, partidario de don Diego, Rodrigo Manrique logró apoderarse no solo de Uclés sino también de la fortaleza. En 1479 Jorge Manrique, caballero de la Orden de Santiago, Trece y Comendador de Motizón (intervino en varias batallas durante las guerras civiles de Castilla) fue herido mortalmente en las proximidades del Castillo de Garcimuñoz (24 de abril de 1479), murió en Santa María del Campo y recibió sepultura en la antigua iglesia del convento de Uclés junto a su padre. En su honor, hoy día, se celebran (en Garcimuñoz, Santa María del Campo y Uclés) las jornadas denominadas «Triángulo manriqueño».


Tras dos siglos de luchas y disputas por conseguir la posesión del maestrazgo de Santiago, tras la muerte del último maestre, Alonso de Cárdenas (1493), los Reyes Católicos solicitaron al papa que les declarara administradores de la Orden, cargo que ejerció Fernando el Católico desde 1494 hasta 1516, fecha en que Carlos I unificó las Órdenes militares en la Corona. A partir de este momento, una vez que las Órdenes militares dejaron de tener su misión por haber concluido la expulsión de los musulmanes con la conquista de Granada en 1492, Uclés comenzó su largo y lento declive.

En 1528 se inician las obras del actual monasterio. En 1548 ya está construido el actual refectorio sobre las ruinas del antiguo cenobio. En 1567 Felipe II ordena que se derribe parte de la antigua fortaleza, y que se pasen las armas a la torre Albarrana, para proseguir las obras de la iglesia que se termina en 1602. En 1577 Felipe II pasa en el monasterio la Semana Santa e impulsa el desarrollo de las obras. En 1577 Alonso de Ercilla se hospedó en la villa de Uclés con motivo de su nombramiento como caballero de Santiago con fecha de 14 de diciembre. En 1621, durante el Siglo de Oro, el duque de Osuna cayó en desgracia y Francisco de Quevedo sufrió las consecuencias políticas del cambio, siendo encarcelado en el monasterio de Uclés y más tarde, aquejado de enfermedad grave, es llevado a su finca, la Torre de Juan Abad.

En 1809 (13 de enero) tuvo lugar una batalla en Uclés entre las tropas napoleónicas y españolas durante la guerra de Independencia. Los franceses, después de ganar la batalla, cometieron toda clase de tropelías en el pueblo y en el monasterio. Las casas y el monasterio fueron saqueados. Los monjes, cargados con angarillas y albardas, sufrieron mofa, los hombres degollados en la carnicería y unas 300 mujeres, primero fueron violadas y luego acallados sus clamores quemándolas vivas en la iglesia del pueblo.

En 1873, tras ser proclamada la Primera República Española, las órdenes militares religiosas fueron suprimidas en España y el papa agregó los territorios del priorato de Uclés a las diócesis vecinas por la bula Quo gravius.

Durante las dos primeras décadas del Siglo XX, el monasterio se utilizó como colegio e internado de segunda enseñanza y más tarde pasó a noviciado y colegio de agustinos. Iniciada la Guerra Civil Española, a finales de 1936 fue saqueado y destrozado interiormente por milicias confederales de la República, instalándose posteriormente en él un hospital provisional del Bando Republicano. Tres años después, una vez que el Bando Sublevado logra imponerse en el Este de la Península dominando prácticamente la totalidad del territorio nacional; el régimen franquista destina el monasterio temporalmente a cárcel para presos políticos. En octubre de 1949 recibe el alarde de seminario menor del obispado de Cuenca, con el nombre de Seminario Menor «Santiago Apóstol». Ya en la década de los 50 el Monasterio retomó su uso docente, como internado de enseñanza primaria regentado por clérigos.

En el año 2006 se rodaron algunas escenas de la película Alatriste en el monasterio de Uclés y en los campos de alrededor.

Desde el año 2009 hasta el 2016 se rodaron en Uclés algunos capítulos de Águila Roja, una serie de televisión española de aventuras con elementos de intriga y romance ambientada en la Edad Media.
https://es.wikipedia.org/wiki/Ucl%C3%A9s

MOTA DEL CUERVO (Cuenca) Castilla La Mancha

Vista general



 Plaza Mayor y ayuntamiento

Otra vista de la plaza mayor


Ermita San Sebastián
Iglesia de San Miguel

Fuente de los nueve caños
Rotonda del molino

Casa rural

Molinos de viento restaurados

Puesta de sol en los molinos 



 Casa rural Santa Rita 

 Plaza Mayor 

  Santa Rita

Antiguo silo de cereales 


Que ver en Mota del cuervo



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El territorio que actualmente ocupa Mota del Cuervo estuvo habitado desde tiempos muy remotos como muestran los vestigios arqueológicos hallados en parajes del término municipal. Se tiene constancia de al menos dos motillas de la Edad del Bronce, así como poblaciones iberorromanas (El Zagarrón, El Castellar, Manjavacas). 

En 1243, fecha de la sentencia del pleito seguido entre Alcaraz y la Orden de Santiago por el control de la Mancha, se nombra a Manjavacas y El Cuervo. De momento se desconoce si este lugar fue anterior o contemporáneo a La Mota y si quedaron fusionados en un momento dado. Un siglo después, cuando el maestre Don Fadrique constituyó el llamado “Común de la Mancha”, es decir, una asociación entre pueblos de una misma jurisdicción con fines ganaderos y fiscales, se seguía mencionando El Cuervo.

En cuanto a Manjavacas, sus vecinos se fueron trasladando debido al continuo estado de enfermedad en que vivían, hasta que quedó despoblada. Este despoblamiento ocurrió al mediar el siglo XIV, posiblemente coincidiendo con el avance de la peste negra. En 1394 ya aparece el nombre de “La Mota” en un privilegio de confirmación de propiedad sobre ciertos montes. Y pocos años más tarde, en 1416, se le concede fuero. Para el período del dominio santiaguista se cuenta con una fuente documental fundamental que permite conocer la evolución de los pueblos de la Mancha a finales de la Edad Media. Hablamos de los Libros de Visitas de la Orden de Santiago, que cubren un periodo desde 1468 hasta 1606. Las visitas de los primeros años recogen el estado de abandono que había en la época inmediatamente anterior. En estos libros se anotaba el informe detallado de la visita realizada a los lugares, edificios y bienes de la Orden.

La labor de los Reyes Católicos como administradores perpetuos de los bienes de la Orden, puede ser calificada de una verdadera reconstrucción de la Mancha santiaguista en todos los aspectos. En primer lugar, intentaron acabar con el arraigado sentido feudal que el territorio tenía, manifestado en el empeño que ponían los visitadores en reconstruir las murallas caídas o las viejas fortalezas de la Orden. A finales del siglo XV se nombra una fortaleza en la Mota, “que está en el centro de dicha villa, derrocada por el propio concejo y por mandato del marqués de Villena ”. Durante su reinado también se reanima el proceso poblacional; un aumento que viene acompañado por un fenómeno de concentración urbana –iniciado por los santiaguistas– en escogidos y potenciados núcleos de población que acaban con un asentamiento primitivo. En Mota se va a pasar de 190 vecinos en 1494 a 209 en 1511. A partir de esta fecha se rompe el estancamiento y la población crece continuamente: se llega a 500 vecinos en 1575, para alcanzar 850 en 1752. No obstante, los datos poblacionales varían según los autores. Otro aspecto de la obra de los Reyes Católicos es el aumento y la eficacia en la construcción de iglesias y otros edificios. A partir de 1507 se comienzan a fundar hospitales para pobres.

En 1542, según Provisión de Carlos I y conservada en el Archivo Municipal ya aparece completo el nombre de “La Mota El Quervo”. Gracias a las llamadas Relaciones Topográficas de Felipe II (1575) se cuenta con una fuente de gran valor para conocer la situación económica y social en este periodo: los habitantes eran en su mayoría pobres, trabajadores “que ganan de comer con sus brazos”, las casas eran bajas y pequeñas hechas de tierra y piedra. Había diez casas de hidalgos. En esta época pertenecía al Reino de Toledo y para los pleitos en grado de apelación recurrían a la Chancillería de Granada. También estaban bajo la jurisdicción del prior de Uclés, por ser territorio de la Orden de Santiago. El 19 de marzo de 1614, el rey Felipe IV concede a La Mota el privilegio de villazgo y jurisdicción en primera instancia.


A mediados del siglo XVIII, el Catastro de Ensenada, aunque realizado con fines fiscales, se convierte en una de las fuentes más ricas para conocer los pueblos de Castilla. De Mota sabemos, entre otras cosas, que contaba con 850 vecinos, 100 pobres de solemnidad, 15 molinos de viento, 3 hornos de cocer cántaros, 1 pozo de nieve, ninguna taberna, 3 mesones, 2 hospitales y que la patrona de la villa era Nuestra Señora de la Concepción y sus abogados los Arcángeles San Miguel y San Rafael.

Ya en el siglo XIX, y tras la reorganización provincial de Javier de Burgos en 1833, Mota del Cuervo deja de pertenecer a Toledo, para ser incluida dentro de la provincia de Cuenca. En esta época seguía siendo un pueblo eminentemente agrícola, pero seguía caracterizándose por su actividad alfarera. Desde entonces, esta villa manchega ha continuado un devenir histórico sin grandes acontecimientos que destacar, que la han situado dentro de los principales pueblos de la provincia conquense.

Desde el punto de vista turístico, fueron los años sesenta y setenta, a pesar del declive demográfico, los de mayor auge. Se reconstruyeron los Molinos de Viento y se cedieron a distintas embajadas, adquirió la denominación geoturística de «Balcón de la Mancha» y ganó durante dos años consecutivos el primer premio en los Concursos Provinciales de Embellecimiento y Mejora de los pueblos. También sus fiestas patronales, la “Traída y la Llevada de la Virgen”, fueron declaradas de Interés Turístico Nacional.